Hace unos días leí un comentario en un tweet de alguien que se quejaba por la grafía de “México”, escrito con “j”. Inmediatamente se disparó en mi memoria un artículo publicado en un diario sobre el tema y cuyo título era exactamente el título de esta entrada. Lo busqué y lo encontré: viernes 7 de septiembre de 1990, escrito por Jesús Puente Leyva, en esa fecha embajador de México en la Argentina. Leo en un diario de su país del 2011: Distinguido economista y diplomático, Puente Leyva falleció a los 74 años. Hombre de números pero también de letras, le gustaba escribir y aparte de los cuatro libros que publicó –dos sobre asuntos económicos; los otros dos compilaciones de textos literarios escritos como parte de su ejercicio diplomático– dejó centenares de páginas inéditas acerca de la industria petrolera en México.

Presentada una semblanza de su autor, volvamos al artículo en cuestión. ¿Qué fue lo que lo llevó a escribir sobre este tema? Nos cuenta que, cuando vio la película de María Luisa Bemberg “Yo, la peor de todas”, que le pareció excelente, le llamó la atención “una sola palabra, casi perdida en el oscuro fondo de la pantalla…sin embargo, una palabra significativa y trascendente puesto que se trata del nombre de mi país, el cual, feamente escrito, quedó consignado como Méjico (¡con jota!). Y me doy cuenta de que es un tema que se repite una y otra vez: a pesar de los años transcurridos desde entonces (27 exactamente), todavía en varios países de América Latina se sigue escribiendo con jota”.

Escribir México (con “x”), nos ilustra, tiene indiscutible legitimidad histórica y, al mismo tiempo, hay razones fonéticas y lingüísticas de absoluta validez.

A la llegada de los españoles en el año 1521, los aztecas pronunciaban el nombre de su ciudad de más de 300.00 habitantes (conocida también como la Gran Tenochtitlán) con un suave acento que, aproximadamente, correspondía a la enunciación fonética de Mescico o Meschico (no existía, en el idioma de los naturales, la pronunciación gutural de la “j”). Los aztecas no contaban con alfabeto; su escritura era ideográfica y no fonética, por tanto los españoles castellanizaron el término e hicieron corresponder la pronunciación indígena con la expresión escrita, de ahí resultó México.

El uso de la “x” permitió registrar, entre la “e” y la “i”, un suave sonido sch (similar al “sh” de la lengua inglesa) semejante al que pronunciaban los naturales del Valle de Anahuac. También se escribían con “x” muchas palabras castellanas de similar pronunciación: Ximénez, Xuárez, dexar, exemplo, páxaro, axedrez. A mediados del s. XVI el español hablado fue perdiendo el sonido suave de la equis, transformándose en un sonido gutural fuerte. Por lo tanto, a fin de que la escritura correspondiera con la expresión fonética, se planteó la conveniencia de que México se escribiera con “j”. Y así fue, luego de un largo debate de eruditos.

Pero desde el s. XVI hasta nuestros días, la memoria histórica hizo su oficio: aunque cambió la suave pronunciación indígena de México, no se olvidaron el origen del toponímico, y a esto se le otorgó una explícita connotación nacionalista. El uso de la “j” se impuso hasta el año 1867, pero luego el uso de la equis fue defendido por las corrientes intelectuales y políticas nacionalistas, exaltadoras del pasado indígena, mientras que las corrientes conservadoras del país (absoluta minoría), decidieron hacer suyo el uso de la “j”.

Superado este debate lingüístico-político-ideológico, a nadie se le ocurre escribir Méjico. Sin embargo, Miguel de Unamuno a principios del siglo XX, consideraba que escribir México (con “x”) y pronunciar Méjico (con “j” gutural) era “puerilidad y grande” (sic). La Real Academia Española pasó de establecer, a fines del s. XIX, que lo correcto era el uso de la “j”, a admitir en el año 1927, el uso de la “x”.

Luego de varias idas y venidas entre la “j” y la “x”, concluye su artículo diciendo:

Con intuición de siglos, los mexicanos reconocemos – consciente o inconscientemente – un signo mágico y religioso en la x:

“México creo en ti

               porque escribes tu nombre con la x

               que algo tiene de cruz y de calvario”

Cabe agregar que México deriva de la palabra náhuatl Mexitli, que era el dios de la guerra: guerrero celeste, hijo de la Luna (una invocación del más conocido dios Huitzilopochtli). Los mexicanos quitaban en la composición de los nombres de dicha especie la sílaba tli, al tiempo que añadían la sílaba co. De esta manera, México significa sitio o lugar del dios Mexitli.

Si investigamos un poco más la etimología de este nombre propio, veremos que existen decenas de explicaciones diferentes. Lo cierto es que todo nos conduce a lo mismo: una razón de peso histórica que hace que México, definitivamente, se escriba con “x”.

 

MÉXICO: ESCRÍBASE CON “X”
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