Continuando con la entrevista realizada hace un tiempo a la Sra. Ana Kuo, directora de la Asociación Cultural Chino Argentina (ACCA), me reuní con el traductor público Yi Zhuang Lin para conocer un poco más su historia, cómo llegó a la Argentina, cómo se decidió por esta carrera y cómo es su desempeño actual en la profesión.

 

Hola, Yi Zhuang, ¿qué tal? Muchas gracias por tu tiempo. Lo primero que quiero saber es ¿dónde naciste, en China o en Argentina?

Nací en Shanghai en el año 1973 y llegué a la Argentina en 1987, a los 14 años, con mis padres.

 

¿Por qué te decidiste a venir a este país?

Mi papá trabajaba en una planta de una empresa pública en Shanghai, pero no le estaba yendo bien, de manera que decidió emigrar y, como mi mamá tenía parientes en Argentina, la alentaron a venir.

Al principio trabajamos con ellos en ventas minoristas, tipo almacén, ya que no había muchos supermercados en esa época.

Cuando llegaron a la Argentina ¿sabían algo de español o tuvieron que aprender el idioma acá?

No, no sabíamos nada, lo aprendimos acá desde cero. En mi caso, al principio iba a una de esas clases nocturnas para adultos, no sé si se dan todavía, en escuelas primarias. Así que hice la primaria acá, más que nada para aprender español.

En el caso de mis padres, mi mamá habla bien, pero mi papá más o menos.

Nos adaptamos enseguida, sin ningún problema. Cuando terminé dos años de instrucción en la escuela primaria ya hablaba y me manejaba bien con el idioma.

¿Cómo es la educación en China, cuántos años hay de escuela primaria y de secundaria?

Son 6 años de primaria y 6 de secundaria. Yo había terminado la primaria y había comenzado la secundaria, que está dividida en dos partes: la inicial y la superior.

Entonces, una vez finalizada la escuela, ¿cómo te decidiste por esta profesión?, ¿tenías idea de lo que significaba, sabías que existía esta carrera?

Y…no, porque en la colectividad hay mucha gente que no habla español y, como yo hablaba, empecé a ayudarlos, fue algo natural. Muchos paisanos me pedían ayuda. En realidad, fue mi madre la que me dio la idea. Yo no sabía mucho al respecto, había terminado la escuela secundaria y después fui a cursar a una escuela de bellas artes (cuando era chico me gustaba dibujar), cursé tres años allí, a principio de los noventa, y cuando salí no sabía qué profesión, qué carrera elegir. De manera que me decidí por la carrera de Traductor Público que cursé en la Universidad de Buenos Aires.

Me interesa saber, sobre todo, cómo se cursa el idioma chino, ¿es por niveles?

Todos los exámenes los toman los traductores de chino ya matriculados. Ellos son los que toman, en primer lugar, el examen de ingreso. Después fui rindiendo los distintos niveles, haciendo los trabajos prácticos, de lengua y traducción. Los profesores dan la bibliografía, nos preparamos sobre la base de ese material y luego rendimos los exámenes. Se cursaban 4 años de lengua y 4 de traducción, aunque ahora hay muchas más materias que se fueron agregando con los años. Pero no se cursa, por ejemplo, gramática o literatura en español. En inglés o en francés se cursaban las materias en forma regular. Pero en chino no, se rendían exámenes libres 4 veces por año.

Ahora, por ejemplo, estoy viniendo a la facultad para tomar exámenes. Me matriculé como traductor en el 2014, y cuando se produjo una vacante en la universidad me llamaron para trabajar como profesor.

Contáme un poco sobre tu actividad: ¿trabajas solo, en equipo, alguna especialidad en particular?

Trabajo solo y en general hago tanto traducciones técnicas como literarias, pero más que nada jurídicas. Por ejemplo, documentos personales que se requieren para tramitar la ciudadanía. En el caso de las empresas, sobre todo, documentos técnicos debido a las importaciones de maquinarias. Hay muchos documentos que requieren legalización, como los manuales. Pero especialización no, tomo cualquier tipo de trabajo.

Cuando hacés traducción inversa y se te plantea una dificultad, ¿cómo te documentás, a quién consultás?

Sí, muchas veces tengo que traducir documentación que requieren del exterior y claro, en la traducción inversa es en donde se encuentran más dificultades.

Por lo general busco en la Web, ahora es mucho más fácil. Y si no encuentro lo que busco, comienzo a consultar a los amigos. Tengo varios amigos de origen chino que trabajan como traductores. Los contacto a través de las redes sociales y siempre termino logrando lo que busco. No solo tomo contacto con amigos de Argentina, sino también del exterior. Hay una versión china de Whatsapp que se llama WeChat, que se usa mucho entre la comunidad china, y a través de ella me comunico con colegas de allá.

Hace un rato mencionaste la traducción literaria, ¿qué es lo que hacés en este campo?

En general hay menos pedidos de traducción literaria. Una vez me pidieron la traducción al chino de la letra de una canción. Hasta ahora no traduje libros, me han consultado tarifas, pero nada más, tal vez no haya presupuesto para ello.

¿Leés literatura china, te gustaría traducir un libro?

Sí, leo algo. Cuando viajo a China compro libros, pero no literatura contemporánea china. Leo a los clásicos, por ejemplo, a Cao Xueqin, el autor de Sueño en el Pabellón Rojo, que es uno de los más famosos.

Me gustaría traducir, pero no a Cao Xueqin, es muy difícil (risas). Está lleno de poesías en chino que resultan muy complicadas de transmitir en otro idioma.

¿Hiciste alguna vez trabajo de interpretación?

Sí, en el ámbito jurídico-comercial. No me anoté todavía como perito, a pesar de que una vez me contactaron de un juzgado para que lo hiciera.

Una vez, por ejemplo, tuve que acompañar a un grupo de especialistas chinos a asistir a una charla que dio un profesor muy conocido en la facultad de Ciencias Económicas, no recuerdo el nombre ahora. Y justamente la semana pasada viajé a Rosario para hacer de intérprete en un casamiento porque allá no hay traductores. Me contactaron a través del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires y allí fui.

¿Cómo ves el futuro de la profesión?

Hay muchos intercambios a nivel internacional, de manera que tengo muchas expectativas en cuanto al crecimiento de la demanda. El tema es que no hay muchos alumnos ahora en la carrera, en esta sesión de exámenes se presentaron solo tres alumnas.

En vista de este panorama, ¿hay escuelas chinas acá en las cuales se pueda promover la carrera para alentar a los jóvenes a seguir esta profesión?

Escuelas no, hay asociaciones. Antes de recibirme de traductor trabajé en una de esas asociaciones dando clases. Eran personas que venían a cursar el idioma por necesidades laborales, pero ahora ya no puedo dedicarme a esto por falta de tiempo, con el trabajo que tengo como traductor no me queda tiempo.

Muchas gracias nuevamente por tu tiempo y tu disposición, sé que tenés que llegar a tomar examen, así que espero seguir conversando sobre este y otros temas muy pronto.

 

A continuación se reproduce un fragmento de Sueño en el Pabellón Rojo de Cao Xueqin

– “Y es que el vino amarillo no le había sentado bien a la abuela Liu, y tanta comida y tan grasienta le había producido una sed que aplacó con ingentes cantidades de té, todo lo cual, mezclado, había contribuido a descomponerle el estómago. Así, pasó un buen rato acuclillada en el retrete. Cuando por fin se incorporó, el vino se le había subido a la cabeza y, como ya era de edad, avanzada, tanto tiempo en cuclillas le había producido tal mareo que ahora no recordaba el camino de regreso.

Miró en torno suyo. Por todas partes se alzaban árboles, rocas, torres y pabellones, pero, incapaz de orientarse, no tuvo más remedio que ir cojeando lentamente por un sendero empedrado hasta llegar a un edificio. Buscó un buen rato la entrada hasta que dio con una cerca de bambú. «Así que también aquí tienen habichuelas», pensó al verla.  Bordeando la cerca llegó hasta un portón en forma de luna y lo cruzó. Delante de ella apareció un estanque de unos cinco o seis pies de ancho, con las orillas cubiertas de lajas, en el que desembocaba un arroyo verde. Para cruzarlo había una larga laja blanca por la que pasó a un sendero empedrado que, más allá de un par de meandros, se detenía ante una puerta. Lo primero que vio al entrar fue a una muchacha que le daba, sonriente, la bienvenida.

-He perdido a las jóvenes damas -dijo atropelladamente la abuela Liu-. He tenido que dar muchas vueltas hasta encontrar este sitio.

Al no recibir respuesta de la muchacha, la anciana se adelantó para cogerle la mano y, ¡pum!, se dio un cabezazo contra un tabique de madera. Al observarlo con más detenimiento descubrió que se trataba de un cuadro. ¡Extraño! ¿Cómo habrían conseguido que la figura se proyectase como una persona real? Pero al tocarla constató que se trataba de una figura plana. (…)

De pronto la abuela Liu recordó haber oído alguna vez que los ricos tienen en sus casas una especie de espejo de cuerpo entero, y columbró que estaba hablando con su propio reflejo.”

(pp. 717-718. Sueño en el Pabellón Rojo. Cao Xuequin. Traducción de Zhao Zhenjiang y de José Antonio García Sánchez)

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Entrevista a Yi Zhuang Lin, traductor público de idioma chino
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