¡Nunca es tarde para desear felicidades! El pasado 16 de febrero se celebró el comienzo del Año Nuevo Chino (el 4716, Año del Perro). Vamos a conocer la historia de dos integrantes de esa comunidad: cómo llegaron a nuestro país, a qué se dedicaron, cómo fue su inserción en la sociedad occidental.

En esta primera parte conversé con la Sra. Ana Kuo, directora de la Asociación Cultural Chino Argentina (ACCA).

 

 

Hola Ana, ¿cómo estás? Muchísimas gracias por recibirme y contarme un poquito tu historia y cómo nació esta idea de crear una asociación chino argentina. Sé que llegaste al país en 1983 a los 13 años, entonces, teniendo en cuenta que toda la comunidad china en general se dedicó al comercio minorista (el gran flujo migratorio de los últimos años se orientó hacia ese lado), a mí me resultó curioso e interesante saber un poco cómo te insertaste en nuestro país creando una asociación que uniera a China y a Argentina.

En realidad se dio naturalmente porque, al tener contacto con las dos culturas, al haber hecho un recorrido, dentro de todo fuerte, uno paga derecho de piso en los primeros años (y lo pagamos lindo), entonces cuando empezaron a llegar las oleadas de inmigrantes de China continental (yo soy de Taiwán), en el año 90, empecé a recibir alumnos del continente que buscaban justamente lo que yo buscaba cuando llegué a la Argentina. La diferencia era que en ese momento ya existía toda nuestra primera camada que hablaba el español y el chino. Entonces, cuando llega esta segunda camada de China continental, puede tener la posibilidad de encontrar una profesora que es argentina o una profesora bilingüe. Muchos de ellos optaron por una profesora bilingüe para poder comunicarse. Yo no tuve esa suerte porque, cuando yo llegué, no había nadie bilingüe, fue una maestra particular la que me enseñó, muy bien, por suerte.

O sea que, cuando llegaste a la Argentina, no sabías nada de español. Entonces, a diferencia de otras personas que a lo mejor fueron a escuelas nocturnas para hacer la escuela primaria en forma abreviada o no, para tomar contacto con el idioma, vos no.
No, yo llegué a los 13 años y tendría que haber estado en 7º, pero me pusieron en 6º por una cuestión de idioma, según me dijeron (no era necesario, después voy a explicar por qué), para que fuera más fácil. Entonces, para recuperar ese año, rendí libre al final del 2º año de la secundaria para poder estar con los chicos y chicas de la misma edad, que tampoco era necesario. Entonces, fíjate cómo juega la ignorancia o el desconocimiento en estos casos.

Cuando empecé a recibir a los alumnos del continente era importante transmitirles mi experiencia. De manera que empecé a ser como un puente entre los padres, el alumno y la escuela. Muchas veces la escuela no sabe, entonces hace esto: te bajan de grado y yo tuve que explicarle a la escuela que en realidad el chico no tiene problemas cognitivos, no hace falta ponerlo en un grado inferior. El chico puede entender perfectamente los temas que se están dictando en ese momento, lo que no tiene es el idioma. Da lo mismo que esté en 2º o en 7º grado, no va a ser más fácil porque esté en 1er. grado porque la maestra habla todo el tiempo en castellano y el chico no entiende nada igualmente.

Un niño necesita más o menos un año y medio para adaptarse…un niño que es aplicado necesita este tiempo, después ya despega solo. Pero, si el niño necesita más tiempo, no importa, repite. Ahora bien, si a eso le sumamos que lo ponen en un grado inferior al que le correspondería, ya está con chicos muy chiquitos que no lo van a ayudar en su aprendizaje.

La Argentina es un país que recibe inmigrantes asiáticos, pero no hay una política educativa de inmigración que los ayude. Conozco el caso muy de cerca de un colegio francés, internacional, que tiene un currículum con temas relacionados con la integración entre las diferentes culturas. Eso no lo he visto, por lo menos, en los colegios adonde fueron mis hijos.

De modo que todas estas experiencias fueron las que hicieron que me diera cuenta de la importancia de acercar las culturas a través de la enseñanza porque ese fue el recorrido que yo hice. En realidad yo egresé como técnica en óptica y contactología, ¡no tiene nada que ver con la educación!

Ah, bueno, precisamente iba a preguntarte por tu formación porque veo que tenés tanto conocimiento de todo esto que pensé que habías hecho una carrera orientada hacia la educación.

No, lo que sucede es que yo cursé el profesorado de inglés en el Joaquín V. González hasta 3er. año (me faltaba uno para terminar), pero me casé y luego me fui a Canadá en donde también hice cursos. Eso me dio una base para empezar a enseñar, tanto aquí como en Canadá, en donde di clases de inglés a los chicos asiáticos. Luego, con la crisis del 2001 me fui a Taiwán y regresé en el 2003. Pero en todo ese tiempo estuve enseñando sin interrupción. Cuando regresé, el panorama había cambiado bastante y empezaban a requerir profesores de idioma chino.

¿Por qué creé la Asociación? Tenía un alumno argentino que me dijo ¿por qué no creás una asociación que te pueda enriquecer las experiencias que vos tuviste, junto con otras personas a quienes también les encantaría estar en una misma comunidad?

Claro, porque existe el Instituto Confucio en la UBA, pero esta Asociación lo hizo masivo. Está bien, hubo un crecimiento exponencial que tiene relación con los negocios porque el aprendizaje de un idioma siempre tiene algo que lo dispara. Entonces, en este caso las relaciones bilaterales traen el establecimiento de empresas chinas en el país y eso hace que haya una necesidad mayor. Yo veo que en la Asociación ¡ hay cada vez más estudiantes! Lo que me llama la atención es que asisten jóvenes no solamente de la franja etaria de 20 a 40 años, sino que ¡hay gente mayor!

Sí, tenemos alumnos de 80 años, ¡a mí me fascina eso!

¿Y qué los motiva? ¿Es para mantenerse activos, es interés en los idiomas en general…?

Les gusta, hay distintos motivos. En general es gente que tiene amistad con gente china. Aquí tenemos tres alumnos de más de 60 años que hablan muy bien el idioma. Tengo una amiga marplatense, que ahora está viviendo en Francia, que quiso aprender chino porque tiene una amiga que es de Pekín. Ella empezó a tomar clases conmigo en los comienzos de la Asociación, ya era grande y me sorprendí de que quisiera comenzar a aprender chino. Hace poco vino y ¡habla como una china más!

Volviendo a los comienzos de la Asociación, recién me habías comentado que primero estuvieron en la calle Maure, luego en Montañeses y ahora acá en Federico Lacroze. ¿Esto tiene que ver con un tema de crecimiento de la institución o de llevarla fuera del ámbito en el que se mueve la comunidad?

En realidad tiene que ver con una osadía de mi parte. Primero empecé dando clases a domicilio, pero llegó un momento en que ya no podía ir más de aquí para allá con mi mochilita y empecé a dar clases en la casa de mis padres en la calle Maure, con dos aulas. El número de alumnos fue aumentando y ya era imposible seguir en tan poco espacio. En el 2008 me ofrecieron dar clases en el templo de la calle Montañeses. En realidad, empezamos cuando el templo estaba en la calle Galicia. Nos dieron un lugar para empezar a hacer traducciones. Los domingos los jóvenes nos reuníamos en una mesa grande, comunal, en la cual a cada uno nos daban una noticia (porque no había ningún semanario ni periódico chino), y nos poníamos a traducir en forma colaborativa con varios chicos. Después alguien, un poquito mayor, nos ayudaba con las correcciones y al mediodía, cuando los fieles terminaban de comer, se reunían y los jóvenes anunciábamos las noticias de esa semana. Y esos fueron los primeros pasos en la traducción. ¡Anunciábamos las noticias como si hubiese sido un noticioso! Entonces desde esa época comenzamos a estar enlazados con el templo. Volviendo al año 2008: el maestro, que sigue siendo el presidente de la Asociación Budista China en la Argentina, se fue a Brasil y no tenía a nadie que cuidara el templo. Nos llamó porque sabía que estábamos desde hacía años dedicados a la educación, para ver si estábamos interesados en ocupar el lugar y dar clases ahí ya que disponían de aulas suficientes. Así que de lunes a viernes estábamos nosotros, los sábados funcionaba el colegio chino y el domingo, el templo. Ese fue el puntapié para el crecimiento.

 

Interesante. Entonces después surgió esta idea de crear la ACCA. ¿Cuándo fue eso? 

En el 2005 fue cuando se creó la personería jurídica, pero recién en el 2008 comenzamos a trabajar con más “formalidad”.

 

Claro, y empezar a contratar más profesores. Y ¿con qué textos trabajaban?
Nosotros producimos nuestro propio material, ya desde aquella época tuvimos que crear nuestro propio material porque el mercado en China apuntaba a la enseñanza del idioma en los países de habla sajona, todo el material estaba en inglés y a un ritmo que no coincide con el ritmo de acá.

 ¿Y en España había material?
No, en esa época no, recién ahora hay. Así que el material que nosotros creamos lo seguimos puliendo hasta ahora.

Después se fueron agregando otras disciplinas porque no solo se enseña chino, hay clases de bienestar (yoga, taichi chuan, chi kung), caligrafía china, hubo danza en un momento, también se ofrecen talleres de meditación, entre otras cosas.

Y tenemos un área de traducciones, yo estoy a cargo de esta área y trabajamos con traductores matriculados.

Ya que estamos hablando de libros, ¿se lee literatura china contemporánea, ingresa en el país, se hacen traducciones, se conoce?

En realidad se conoce poco, se hacen traducciones en Chile. Hay un equipo del Instituto Confucio de la Pontificia Universidad Católica de Chile que está traduciendo varias obras de literatura china contemporánea. Acá no vemos esos materiales.

En las clases, ¿se incluye algo de literatura y cine chino?

Tratamos de incluir este tipo de materiales en las clases, aunque sea un poco, lo que sucede es que es muy difícil. Además, no sé por qué, pero nosotros antes dábamos el mismo programa en un tiempo mucho más corto. Ahora nos da la sensación de que es muy intensivo y tuvimos que extenderlo, es decir, dar menos contenido en más tiempo porque si no la gente no puede seguir el ritmo.

Con respecto a la lectura, lo que tenemos son libros simplificados, no es literatura sino que son textos aislados como para poder trabajarlos en clase. Literatura aún no, se requiere de un manejo más avanzado de la lengua, pensá que el chino es siete veces más difícil que cualquier otro idioma. Nosotros nos referimos al chino como un idioma “lejano” al español. Es difícil, ¡pero vamos a lograrlo!

Por supuesto, pensemos que esta Asociación es relativamente joven, este año recién cumple 10 años y ha tenido un crecimiento muy importante.

El grupo de nivel 14, por ejemplo, ya lee textos (periódicos, revistas)…

Esos 14 niveles, ¿en cuántos años se hacen?

Son 7 u 8 años.

¿Cómo ves la proyección a futuro?

¡No se sabe hasta dónde vamos a llegar! Desde China están acompañando este proceso, hay mucha tarea de difusión, vamos a ver cómo sigue. Además, ahora hay generaciones que se están formando de manera bilingüe, nosotros también estamos dando clases en colegios.

Para terminar, ¿alguna anécdota que quieras compartir?

Hay una anécdota con una alumna china, tiene que ver más que nada con un tema cultural, no de idioma. Esta alumna era muy cordial, pero muy estructurada, una chica de Beijing (o Pekín), y cuando venía a clase en mi casa, siempre le ofrecía algo para tomar. Ella siempre respondía “no, gracias”. Un buen día, cuando ya tenía más confianza, me dice: “Ana, la verdad…vos, ¡vos sos tacaña, eh!” Y yo decía: “¿Yo, por qué, en qué sentido?” “Vos no tenés que preguntarme si quiero tomar algo, ¡tenés que ofrecerme directamente!, si vos me preguntás a mí, ¿cómo te voy a decir que sí?” Es decir, esta persona esperaba que yo siguiera las reglas de allá, de China, en donde la gente directamente te trae algo para tomar, no te pregunta. Y yo ¡ya estaba acostumbrada a la forma de proceder de acá!

Bueno, Ana, muchísimas gracias por tu tiempo y por haber compartido la historia de la creación de la ACCA y ¡felicitaciones!

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Xīnnián kuàilè! – ¡FELIZ AÑO NUEVO!
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