Los traductores, independientemente del idioma de trabajo o de la especialidad de que se trate, nos enfrentamos al desafío de transmitir en una lengua lo expresado por otra, con todo lo que eso implica. Ya sabemos que no se trata de traducir solo palabras o expresiones, sino de transmitir, sobre todo en la traducción literaria, la personalidad de los personajes, los sentimientos, las emociones, la cultura y la idiosincrasia de un pueblo. La traducción de poesía, por ejemplo, es toda una hazaña solo reservada a escritores avezados.

Las palabras tienen que ver con una marca social, geográfica, temporal. Muchas veces nos encontramos con palabras que no tienen traducción en otra lengua simplemente porque ese objeto o esa idea no existe en la otra cultura. Estoy leyendo la traducción al español de un libro de Clarice Lispector (del portugués, claro) y la traductora optó por dejar ciertos términos en portugués y aclararlos al pie. ¿Cómo traducir saudade, por ejemplo? Esta palabra “expresa un sentimiento afectivo primario, próximo a la melancolía, estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia”, según una de las tantas definiciones o explicaciones. Pasárgada: en nota al pie dice “país imaginario lleno de riquezas y situaciones felices”.

Tal vez se refiere al poema “Vou-me embora pra Pasárgada”, de Manuel Bandeira, quien él mismo explica por ahí que significa “campo de los persas” y que suscitó en su imaginación un paisaje fabuloso, un país de placer y de gozo.

Mangue: en nota al pie se aclara “zona de prostitución”. Nos está ubicando en espacio y en contexto.

Gíria: “lenguaje familiar y coloquial”, no sé si hubiese sido lo mismo que traducirlo por “jerga o argot”, es otra cosa.

Sobrado: “piso de un edificio sobre una planta baja”, en pie de página. Existe en español la palabra “soberado”, pero está en desuso y nadie la comprendería. ¿Poner ‘desván’, quizás, tendría el mismo significado? No lo creo.

Como vemos, se trata de decisiones que tuvo que tomar la traductora para hacer más comprensible la obra original.

Y hablando de libros, me encantaría leer la versión en inglés de El Tango de la Guardia Vieja de Arturo Pérez Reverte. ¿Por qué? Porque tuve que recurrir al diccionario o a las imágenes de Google para ver, por ejemplo, qué era una “rebeca de punto beige” que vestía la protagonista. O cuando se pintaba los labios “con una barrita de Tangee rojo suave” (y me enteré de que es un labial que se adapta al color de la boca). Referencias culturales, referencias de otras épocas, de otros lugares. Entonces me pregunto: ¿qué camino habrán tomado los traductores?

Si vamos al amplio terreno de la traducción técnica, que puede ir desde el campo de la economía hasta el de la medicina, pasando incluso ¿por qué no?, por la jerga periodística, nos encontramos con innumerables desafíos a sortear.

Por ejemplo, en la época del ‘corralito’ en la Argentina, inmediatamente a un traductor le asaltaba la duda ¿cómo lo digo en inglés, francés, italiano, etc.? Los traductores de inglés, seguramente, recurrimos de inmediato a la prensa anglosajona. Leímos los diarios ávidamente en busca de LA palabra. Y nos encontramos con que The Economist, por ejemplo, la dejó en español y otros se aventuraron a traducirla: ring-fence, bank freeze o deposit freeze. Una vez más, no estamos traduciendo palabras sino conceptos, ideas.

¿Y los ‘arbolitos’? No, no piensen en los hermosos y floridos jacarandás que tanto abundan en la ciudad, sino en la gente que compra y vende moneda extranjera en la calle. En un artículo del 2011, el histórico The Buenos Aires Herald publicó lo siguiente: “The traditional “arbolitos” (people who illegally exchange currency on the street at a higher rate) where nowhere to be seen in downtown Buenos Aires on Monday”. Deja en español el término y explica entre paréntesis.

Otra posibilidad, como aparece en un trabajo de la Universidad de Mississippi, es integrarlo en el texto: “The importance of the Dólar Blue has become so public that it even has its own websites and social media accounts to inform its users of its daily rates as well as how and where to locate the human intermediary aspect of the black market known as the arbolitos” (adviértase también la decisión de haber dejado la palabra ‘dólar’ en español).

¿Qué hacemos entonces con el cepo cambiario? La traducción más corriente fue ‘dollar clamp’, aunque en las noticias solía verse como ‘currency controls’, ‘currency restrictions’.

“Arbolitos postcepo: pagan más por dólares y venden más barato euros y reales”, lindo título de El Cronista para traducir…

Otra expresión, que no es privativa de los argentinos, es ‘policía de gatillo fácil’ que en The Buenos Aires Herald lo vi traducido como ‘trigger-happy police’, aunque el diario The Sun utiliza el vocablo ‘cop’ y aquí entonces nos planteamos un registro de lengua distinto.

En el ámbito de la educación me encontré un buen día, después de una reforma educativa, con la nueva ‘polimodal’. Para traducirlo, polymodal education no significaría nada en inglés. El significado de «polimodal» es algo como well-rounded, pero tal vez podría llegar a ser integrated (‘integrated curriculum’, ‘integrated education’).

‘En la modalidad…’ bien podría ser algo como «with an emphasis or specializing or majoring in [the economy and organizational management]».

Pero, obviamente, no he llegado a estas conclusiones yo sola: resulta fundamental e imprescindible recurrir a los especialistas en el tema que pueden, justamente, traducir conceptos e ideas más que solo palabras flotando en el texto.

Otra cosa que se había planteado en un trabajo fue lo de la ‘formación continua e inicial’ que siempre se tradujo como ‘continuous / lifelong / ongoing and initial training’, pero… ¡estábamos hablando de formación docente! Y entonces me dijeron que se trataba de un ‘in-service and pre-service training’ ya que no tenía que ver con el nivel escolar sino con el momento en que los docentes recibían su capacitación. Al respecto, como siempre, hay opiniones encontradas. Otros hablan de ‘continuing training’ para ‘formación continua’.

Con esto no pretendo dar un listado de palabras o expresiones porque sería interminable, sino tomar conciencia de la responsabilidad que todo traductor tiene a la hora de encarar un nuevo proyecto.

Hablar, preguntar, ser curiosos, leer, leer, leer, mirar películas y comparar (no, un traductor nunca descansa, está siempre alerta). ¿Qué pasa si, en el medio de una interpretación de un curso a alguien del público se le ocurre citar el nombre de una película argentina para fundamentar su pregunta? Es algo no previsto, ¿cómo, no estábamos hablando de educación…? Sí, pero…

Cierro con una cita de Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional: “Sin los traductores somos ciegos y somos sordos”.

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ALGUNOS DE LOS DESAFÍOS QUE PLANTEA LA TRADUCCIÓN
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